No es el cambio lo que te duele, es la transición.
Te lo digo como se lo digo a mis clientes en sesión, para empezar valida lo que sientes:
No estás exagerando.
No estás siendo débil.
No te está pasando “algo raro”.
Lo que te incomoda no es el cambio, se llama transición.
Y nadie nos enseñó a atravesarla.
Vivimos rodeados de cambios: nuevos roles, nuevas estructuras, nuevas etapas, todo el tiempo es la única constante en la vida, incluso tus células cambian día con día. Desde fuera, todo parece avanzar. Pero por dentro algo no termina de acomodarse. Hay cansancio, resistencia, nostalgia, confusión. Incluso cuando el cambio es “bueno”.
Ahí está la clave que explica muchísimo de lo que veo en personas y empresas hoy.
Cambio y transición no son lo mismo
El libro “Managing Transitions” de William Bridges, lo explica de forma muy clara:
El cambio es externo.
La transición es interna.
El cambio puede ser inmediato.
La transición necesita tiempo.
Las empresas cambian procesos.
Las personas sueltan identidades.
Y eso no se resuelve con una plática, comunicado y ni siquiera con una junta.
Toda transición empieza con un final
Aunque no lo queramos ver así, toda transición implica una pérdida.
Algo se termina: una forma de trabajar, un rol, una identidad, una etapa donde sabías quién eras.
Por eso la resistencia no es mala actitud.
Es duelo no reconocido.
Cuando no se honra lo que se cierra, el pasado se queda abierto… y pesa.
La zona neutral: el espacio incómodo que no se puede saltar
Después del final viene la etapa más confusa: la zona neutral.
Ese lugar donde lo viejo ya no funciona y lo nuevo todavía no está claro.
No es un error del proceso.
Es el proceso en sí.
Aquí baja la claridad, pero puede subir la creatividad si hay acompañamiento.
Lo que más necesita una persona en esta etapa no es motivación, es claridad mínima: para qué, hacia dónde, cuáles son los siguientes pasos y qué rol juega. Aquí el coaching hace su magia.
Los nuevos comienzos se construyen con confianza
Un nuevo inicio no empieza cuando se anuncia algo.
Empieza cuando hay confianza.
Confianza que se construye con coherencia, verdad, escucha y permiso para equivocarse.
Sin eso, no hay nuevo comienzo. Solo cambios disfrazados.
Cerrar bien para poder abrir.
Eso es transitar conscientemente y para eso debemos estar abiertos a sentir, y mucho.
Porque el cambio llega solo.
La transición no.
Y ahí es donde se juega todo.