Cuando tu vida pide oxígeno y no te das cuenta

Te voy a decir algo incómodo, pero necesario: no estás cansado… estás sin oxígeno.

Y no hablo del aire que respiras, hablo del oxígeno que sostiene tu energía, tu claridad mental y tus ganas de vivir, ese que no notas que falta hasta que tu cuerpo te pasa la factura.

Cada semana acompaño a líderes, emprendedores, mamás, papás y equipos enteros,la mayoría llegan con la misma frase, aunque la digan diferente:
“Estoy agotado.”
“Ya no me ilusiona nada.”
“Siento que vivo corriendo.”
“Estoy haciendo todo lo que tengo que hacer y no pasa nada.”

Detrás de todas esas frases hay una sola realidad: su sistema nervioso está viviendo en modo sobrevivencia, en piloto automático.

Vivir en alarma es vivir sin oxígeno

La mayoría de nosotros pasamos el día activados en el sistema simpático, ese modo de resolver, correr, apagar incendios, ser eficientes. Es maravilloso para momentos clave… pero pésimo como estilo de vida.

Cuando permaneces ahí demasiado tiempo, empiezas a perder sensibilidad emocional, creatividad, motivación, paciencia, conexión… y oxígeno interno.

Y no necesitas estar viviendo una crisis para estar en sobrevivencia, basta con no tener pausas, con estar siempre “on”. Basta con no darte permisos, tu cuerpo sabe que algo no está bien, pero tú lo interpretas como “estrés normal”.

No, no es normal, es falta de aire.

El descanso no es suficiente

Te voy a romper un mito: no solo necesitas descansar.
Descansar te regresa al sistema parasimpático, ese modo de calma y regulación, pero descansar sin chispa también te vuelve plano.

Necesitas las dos cosas: pausas que te regulen y actividades que te enciendan.

El oxígeno llega cuando tu sistema nervioso siente que tiene espacio y también propósito.

Todos tenemos una actividad que nos baja la frecuencia… y otra que nos sube la vibración. Una que nos calma y otra que nos despierta, el problema es que dejamos de buscarlas.

La chispa que olvidaste

Cuando le pregunto a mis clientes qué les da vida, la respuesta suele ser silencio.
Y después, una mirada que dice: “Qué fuerte, no lo sé”.

Pero cuando empezamos a explorar, aparecen cosas sencillas, humanas, nada sofisticadas:

Correr sin reloj.
Tomar una clase de yoga solo porque sí.
Escribir.
Jugar con mis hijos.
Platicar con amigos.
Cocinar.
Escuchar música.
Volver a un hobby olvidado.

Y ahí pasa algo fascinante: la cara cambia, la energía también, el cuerpo suelta, el aire entra.

Porque la chispa te regresa a ti, no a tu rol, no a tu agenda, a ti. Esa chispa de despierta algo que tenías adentro y lo habías olvidado.

Equipos sin oxígeno, empresas sin vida

Lo veo constantemente en pequeñas empresas con las que trabajo: líderes brillantes, buenos equipos… y cero aire.

No porque no tengan talento, sino porque no tienen espacio interno.

Cuando las personas que sostienen un negocio viven en modo sobrevivencia, la creatividad baja, la paciencia se extingue, la comunicación se tensa y la motivación se vuelve frágil.

No es cultura tóxica, no es falta de visión, es falta de oxígeno.

La empresa respira como respiran sus personas.

Entonces, ¿dónde encuentras tu oxígeno?

No quiero darte una lista perfecta, quiero darte algo más real.

Haz una pausa, respira.

Y pregúntate con honestidad:
¿Qué es eso, tan simple, que te enciende un poco por dentro?

No tiene que ser sofisticado.
No tiene que ser productivo.
No tiene que ser para nadie más, ni para un logro, ni para cumplir un rol.

Tiene que ser para ti.
Ese “para ti” es el oxígeno.

Mi invitación para hoy

Antes de dormir, regálate cinco minutos para hacerte estas preguntas:

¿Estoy viviendo en sobrevivencia o en presencia?
¿Qué me regula?
¿Qué me enciende la chispa?
¿Qué puedo hacer mañana que me dé un poco de aire?

No tienes que cambiar tu vida hoy, solo tienes que permitirte respirar distinto.

Cuando tú tienes oxígeno, tu familia respira mejor, tu equipo respira mejor, tu empresa respira mejor.
Y tú… tú vuelves a sentirte vivo.

Anterior
Anterior

Lo que hay detrás de un negocio familiar

Siguiente
Siguiente

Tu ikigai no se encuentra: se reconoce