A veces no quiero respuestas, solo quiero sentir que no estoy solo

Hay momentos difíciles por los que todos pasamos.
Momentos en los que no estás buscando soluciones, consejos ni frases bonitas, solo quieres sentir que no estás solo.

Y cuando alguien atraviesa una etapa así, aunque no reciba indiferencia y sí reciba compasión, hay algo importante que entender: no toda compasión acerca.

La compasión puede nacer desde el amor o desde el miedo, ahí está la diferencia entre la lástima y la empatía, entre sentir cercanía o crear distancia.

Cuando la compasión nace del miedo, se parece mucho a la lástima.
Nos duele lo que el otro vive, pero no sabemos cómo sostenerlo, entonces miramos desde afuera, desde lejos, intentamos animar rápido, dar una solución, minimizar el problema. Tomamos distancia.

No es mala intención, es protección.

La lástima nos cuida del dolor ajeno, pero también nos aleja de la persona que lo está viviendo.

La empatía es distinta, no se siente como pena, se siente como presencia.

Brené Brown, investigadora y autora reconocida por su trabajo sobre vulnerabilidad y empatía, explica que la lástima observa desde arriba y crea distancia, mientras que la empatía se acerca y se sienta a un lado. La empatía no intenta arreglar el dolor, lo reconoce.

Cuando la compasión nace del amor, se transforma en empatía.
No necesita respuestas, explicaciones solo necesita quedarse.

Porque no todo lo que duele necesita una solución, algunas cosas solo necesitan compañía.

La próxima vez que alguien te comparta algo difícil, pregúntate:
¿Desde dónde me acerco?
¿Desde el miedo… o desde el amor?

A veces no quiero respuestas.
Solo quiero sentir que no estoy solo.

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