Cuando algo llega a movernos
Cuando alguien o algo llega a movernos, casi nunca es cómodo.
Nos saca de nuestro centro, nos desacomoda ideas, rutinas, certezas y muchas veces, lo primero que queremos es que eso pase rápido, volver a sentir control, volver a “estar bien”.
Pero no siempre se puede y no siempre se trata de eso.
Hay experiencias que no llegan para resolverse de inmediato, sino para ser observadas.
Nada es casualidad, cada encuentro, cada situación que nos mueve, abre un espacio de conciencia aunque al inicio no lo parezca.
Lo que incomoda suele traer información
Cuando algo nos mueve emocionalmente, una persona, una conversación, una pérdida, un cambio inesperado, suele tocar una fibra sensible, algo que ya estaba ahí, esperando ser visto.
Tal vez un límite que no habías puesto.
Una decisión que llevabas tiempo postergando.
Una etapa que ya no te representa.
Una parte de ti que pedía atención.
No llega para castigarte, llega para mostrarte algo.
El problema es que solemos hacernos la pregunta equivocada:
¿por qué me pasa esto?
Esa pregunta casi siempre nos deja atrapados en la resistencia.
Cambiar la pregunta cambia la experiencia
Cuando en lugar de preguntarnos por qué, nos atrevemos a preguntar para qué, algo se abre.
¿Para qué está aquí esta experiencia?
¿Qué me está mostrando de mí?
¿Qué me está pidiendo soltar, ajustar o elegir distinto?
Eso no significa que todo sea fácil ni que tengamos que agradecer el dolor, significa que podemos atravesar la experiencia con un poco más de conciencia y un poco menos de pelea interna.
Conciencia no es justificar lo que duele
Mirar con conciencia no es minimizar, ni justificar, ni romantizar lo difícil, conciencia es permitirte sentir lo que sientes y aprender al mismo tiempo.
Es aceptar que algo puede doler y aun así enseñarte, que una experiencia puede ser incómoda y, al mismo tiempo, necesaria.
Muchas veces el aprendizaje no está en la otra persona ni en la situación externa, sino en tu reacción:
en lo que aguantas,
en lo que callas,
en lo que repites,
en lo que ya no quieres seguir sosteniendo.
Y ver eso, aunque incomode, libera.
No todo llega para quedarse
Algunas personas llegan para acompañarte.
Otras llegan para confrontarte.
Algunas experiencias se quedan.
Otras solo pasan… pero dejan huella.
No todo es permanente, pero nada es inútil.
Hay etapas que terminan no porque fallaste, sino porque ya cumplieron su función. El cierre no siempre es claro en el momento. Muchas veces el sentido aparece después, cuando miras hacia atrás con más perspectiva.
Lo único que siempre puedes elegir
No siempre puedes elegir lo que te pasa, pero sí puedes elegir cómo lo atraviesas.
Puedes cerrarte o abrirte.
Resistirte o escucharte.
Seguir en automático o detenerte a mirar con más conciencia.
Ahí está el verdadero trabajo, ahí está lo que tu controlas y lo que tu decides.