Nada es casualidad

Te voy a decir algo que puede incomodarte, lo que hoy estás viviendo no empezó hoy.

Hace siete meses, en una sesión con una clienta, le dije algo que en ese momento pareció simple. Una frase clara, directa, incómoda, de esas que te mueven el piso porque sabes que son verdad.

Ella no tomó ninguna decisión ese día.

La vida siguió.

Pero hoy me llamó, había tomado una decisión que le va a transformar por completo la vida, a ella y a los de su alrededor. Una decisión alineada, consciente, valiente, me dijo:

“Gracias, esa conversación se me quedó grabada”.

Nada es casualidad.

En coaching lo veo todo el tiempo, creemos que el cambio ocurre en la sesión que en la hora que estamos sentados hablando es donde pasa todo pero no, la sesión es solo el disparador. El verdadero trabajo ocurre después, en silencio, cuando la persona empieza a escucharse distinto.

Es como sembrar una semilla, no te quedas mirando la tierra todos los días preguntando por qué no salió el árbol, confías en que algo está pasando por debajo, hay un proceso.

En las pequeñas empresas con las que trabajo, equipos, líderes que sienten que cargan todo, esto es clarísimo. El CEO piensa que necesita otra estrategia, más ventas, un proceso nuevo y muchas veces lo que necesita es otra conversación, una que le permita ver lo que hoy no está viendo.

Porque el problema no siempre es técnico, la mayoría de veces es interno.

“Mi rol creció y siento que mi liderazgo no está al nivel del negocio”.

Esa frase la escucho mucho y lo que hay detrás casi siempre es una transición no asumida. El negocio evolucionó, el mercado cambió, el equipo creció pero la identidad del líder sigue anclada en la versión anterior.

Eso genera tensión.

Y cuando hay tensión, el sistema nervioso se activa, el sistema simpático entra en modo alerta, entra la urgencia, control, más trabajo, más presión. Desde ahí queremos resolver rápido, decidir ya, cerrar el tema.

Pero el crecimiento real no nace desde la urgencia, nace cuando el sistema parasimpático puede entrar. Cuando bajamos el ritmo, cuando respiramos, dejamos de reaccionar y empezamos a observar.

Mi clienta no decidió en esa sesión, decidió siete meses después. Porque necesitaba tiempo para integrar, porque tenía que soltar una versión vieja de sí misma, porque hay un pequeño duelo cuando dejamos de ser quienes fuimos para convertirnos en quienes estamos llamados a ser.

Eso casi nadie lo quiere atravesar.

Queremos claridad inmediata, certeza absoluta, garantías. Pero la claridad no cae del cielo, se construye, se ordena.

Yo confío profundamente en ese proceso. Confío en mí, en mis clientes y en la inteligencia natural que todos tenemos cuando nos damos permiso de escucharnos sin máscaras. Mi enfoque está basado en eso: conducir con el corazón para guiar a la mente.

No empujo decisiones, no fuerzo respuestas, creo el espacio para que la persona vea y cuando alguien ve de verdad, ya no puede des-ver.

Nada es coincidencia.

Esa llamada no fue casualidad, fue la consecuencia de una conversación sembrada meses atrás. Fue el resultado de alguien que decidió confiar en su propio proceso, aunque no tuviera todas las respuestas en ese momento.

Si hoy estás incómodo.
Si sabes que algo tiene que cambiar pero no sabes qué.
Si sientes que estás en transición y te da miedo admitirlo.

Entiende esto: tal vez el proceso ya empezó.

Tal vez esa conversación que te movió no fue casual.
Tal vez esa incomodidad es la señal.
Tal vez ya viste lo que necesitas ver y solo estás esperando sentirte “listo”.

Confía en el trabajo interno, confía en el tiempo, confía en que lo que hoy parece confuso está ordenándose debajo de la superficie.

Nada es casualidad.
Todo se está acomodando para que des el siguiente paso.

Y cuando lo des, entenderás que en realidad empezaste mucho antes.

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