¿De verdad no tenemos tiempo para nada?
Vi esta imagen y me pegó.
Porque ¿cuántas veces al día decimos “no tengo tiempo para nada”?
No tengo tiempo para hacer ejercicio.
No tengo tiempo para leer.
No tengo tiempo para hablarle a mis amigos.
No tengo tiempo para empezar eso que llevo meses queriendo hacer.
No tengo tiempo ni para ir al baño.
Pero luego agarras el celular “tantito”.
Abres Instagram.
Ves una historia, luego otra, te metes a ver quién es alguien que salió en una foto, de ahí acabas viendo otra cosa que no tenía absolutamente nada que ver con lo que estabas haciendo.
Contestás dos WhatsApps, tee llega un video, lo ves y cuando te das cuenta pasaron 20 minutos.
A mí me pasa, lo peor es que muchas veces ni siquiera podría decir qué es lo que vi durante esos 20 minutos.
Entonces esta imagen me hizo preguntarme algo:
¿De verdad no tenemos tiempo o se nos está yendo sin darnos cuenta?
“Nada más voy a ver una cosa”
¿Cuántas veces agarramos el teléfono sin siquiera saber para qué?
A veces estoy haciendo algo, veo el celular, lo desbloqueo casi en automático y, unos minutos después, pienso:
¿A qué venía?
Ni me acuerdo.
Y creo que ahí está el tema.
No es Instagram.
No es WhatsApp.
No es TikTok ni Facebook.
Es el automático.
Es ese impulso de llenar cualquier espacio.
Esperas a alguien: celular.
Estás en una fila: celular.
Te sientas cinco minutos: celular.
Hay un silencio incómodo: celular.
Estás viendo una serie y hay una parte medio aburrida: celular.
Hasta para ir al baño nos llevamos el celular.
Y mientras escribía esto pensé: ¿en qué momento nos costó tanto trabajo simplemente no hacer nada?
Estamos, pero no estamos
Esta parte me hizo pensar todavía más, porque no solamente se nos va el tiempo, a veces también se nos va el momento.
Estás comiendo con alguien y tienes el teléfono al lado, hablando con tus hijos y entra un WhatsApp, viendo una película, pero al mismo tiempo estás viendo Instagram.
Te vas de vacaciones y estás pensando en la foto que vas a subir, estás en un concierto y medio concierto lo ves a través de la pantalla porque lo estás grabando.
Y sí, físicamente estamos ahí, pero nuestra cabeza está brincando de un lado a otro todo el tiempo.
Estamos, pero a veces no estamos del todo.
Y no lo digo desde el juicio porque yo también lo hago, creo que justamente por eso esta imagen me llamó tanto la atención.
Porque me vi ahí, jalando mi reloj de un lado mientras del otro hay mil cosas compitiendo por mi atención.
“Es que no me alcanza el día”
Esta frase la decimos muchísimo.
Yo también.
Pero ¿qué pasaría si durante un solo día pudiéramos ver exactamente en qué se nos fueron nuestros minutos?, no para volvernos obsesivos ni para sentir culpa, simplemente para darnos cuenta.
A lo mejor sí tenemos esos 20 minutos para caminar, para leer, sentarnos a tomar un café sin hacer nada más.
A lo mejor sí tenemos tiempo para marcarle a esa persona.
Solo que esos minutos están escondidos entre un reel, un mensaje, una notificación y “nada más voy a ver esto rapidísimo”.
Y aquí viene la pregunta que me dejó esta imagen
Si tu tiempo fuera algo físico, algo que pudieras tener entre las manos, como el reloj de la imagen…
¿a quién se lo estás dando?
Porque al final nuestro tiempo es eso, nuestra vida y creo que no se trata de dejar las redes, tirar el celular o desaparecer de WhatsApp.
Se trata de volver a escoger, a cacharnos de vez en cuando.
De preguntarnos:
¿Quiero estar haciendo esto o simplemente estoy aquí por automático?
A lo mejor la próxima vez que agarres el celular “tantito”, puedes hacer una pequeña pausa, no tienes que hacer nada especial.
Solo preguntarte:
¿Para qué lo agarré?