¿Y si el amarre que necesitas es contigo?
Esta semana estuve turisteando por la Ciudad de México y confirmé algo que siempre he pensado: esta ciudad tiene de todo, historia, caos, belleza, comida, ruido, contrastes y escenas que no encontrarías en ningún otro lugar siempre he pensado que es surrealista y me encanta.
Caminando por la calle me encontré con el letrero de la foto:
“Limpias para tu negocio. Amarres para tus clientes.”
Me dio risa y me detuve a tomarle una foto pero seguí pensando en él.
Más allá de la magia, la brujería o las creencias de cada quien, me pareció una gran representación de algo muy humano: la necesidad de poner en manos de alguien más aquello que en realidad depende de nosotros.
No necesitamos hacernos una limpia o un amarre para hacerlo.
Lo hacemos todo el tiempo, cuando esperamos que nuestro jefe reconozca nuestro trabajo para sentir que valemos, cuando necesitamos que nuestra pareja cambie para nosotros estar bien, cuando creemos que otro cliente, otro trabajo o más dinero finalmente nos van a dar la felicidad. Cuando buscamos constantemente que alguien nos diga qué hacer porque hemos dejado de confiar en nosotros mismos.
Y sin darnos cuenta, vamos entregando nuestra energía a alguien más.
Para mí, recuperar tu energía tiene mucho que ver con esto.
No significa controlar todo lo que pasa, eso es imposible, significa dejar de gastar nuestra energía tratando de cambiar aquello que no controlamos y empezar a ponerla en lo que sí depende de nosotros.
Cómo respondemos, qué decisiones tomamos, qué límites ponemos, qué conversaciones necesitamos tener, qué seguimos permitiendo, qué queremos cambiar.
Cuando hacemos esa diferencia, algo cambia: dejamos de esperar que alguien venga a salvarnos.
El coaching tampoco viene a salvarte
Creo que esta misma confusión existe alrededor del coaching, pensar que vas a llegar con alguien que tiene las respuestas, te va a decir qué hacer y te va a resolver aquello que no has podido resolver.
Yo no tengo las respuestas de mis clientes, ellos las tienen.
Mi trabajo es acompañarlos a conocerse mejor, a ver lo que hoy no están viendo, a reconocer sus patrones, sus creencias, la manera en la que están usando su energía y las herramientas que ya tienen dentro.
Porque el coaching no se trata de crear dependencia hacia un coach sino todo lo contrario.
Se trata de recuperar autonomía, conciencia y confianza en ti.
Cuando dejo de esperar que mi jefe cambie, puedo preguntarme qué necesito hacer yo.
Cuando dejo de poner todo mi agotamiento en la empresa, puedo revisar mis límites, mis decisiones y dónde estoy gastando mi energía.
Cuando dejo de necesitar que alguien valide cada decisión, que alguien me salve y me vea, puedo empezar a escucharme y confiar en mi capacidad para responder a lo que venga.
Eso es recuperar tu energía.
Nadie te va a salvar
Esta frase puede sonar fuerte, pero para mí tiene un significado muy profundo.
Nadie te va a salvar porque no necesitas que alguien venga a hacerlo.
Puedes necesitar ayuda, acompañamiento, terapia, coaching, un mentor, una conversación, amigos, herramientas.
Claro que sí.
Pero hay una parte del proceso que siempre será tuya.
Nadie puede poner un límite por ti, nadie puede tener esa conversación por ti, nadie puede conocerte por ti, nadie puede decidir cuánto tiempo más quieres permanecer en un lugar que ya no te hace sentido.
Ahí empieza la confianza en uno mismo.
Y no es el sentirse completamente seguros antes de actuar, sino descubrir que podemos tomar decisiones, equivocarnos, corregir y seguir adelante.
La confianza se construye así: usándola.
Y funciona igual en nuestra vida que dentro de una empresa.
Una limpia no sustituye una conversación pendiente con tu equipo, un amarre no reemplaza una buena propuesta de valor, ningún ritual construye la confianza de tus clientes si no existe congruencia entre lo que prometes y lo que haces.
Podemos rodearnos de personas que nos acompañen, yo creo profundamente en hacerlo.
Pero una cosa es pedir acompañamiento y otra muy distinta entregar el volante.
Tal vez sí necesitamos un amarre
Después de ver esa pared pensé que quizá el concepto del amarre no estaba tan mal, solo habría que cambiar hacia dónde lo dirigimos.
Un amarre con nosotros mismos.
Con nuestra capacidad, con nuestra intuición, con nuestras decisiones, con nuestra energía.
Cuando dejamos de esperar que algo afuera venga a resolver lo de adentro, recuperamos algo mucho más importante que una respuesta: recuperamos nuestra capacidad de elegir qué hacer con lo que nos está pasando.
Eso es parte de lo que busco en mis procesos de coaching, no que alguien me necesite para encontrar sus respuestas, sino que aprenda a confiar cada vez más en su capacidad para encontrarlas.
No tenemos control sobre todo lo que ocurre en nuestra vida, pero sí podemos decidir dónde ponemos nuestra energía y de dónde la resuperamos.
Y para mí, ahí está el verdadero trabajo.
Nadie va a venir a salvarnos, muchas de las herramientas que estamos buscando ya están dentro de nosotros, el verdadero trabajo es volver a reconocerlas, confiar en ellas y usarlas.