¿Qué es lo que realmente te detiene?
¿Te ha pasado que sabes perfectamente lo que quieres hacer… y aun así no lo haces?
Lo piensas, lo planeas, hasta te emocionas pero llega el momento de hacerlo y algo en ti se detiene.
No porque no puedas.
No porque no sepas cómo.
Sino porque hay algo que… simplemente te frena.
Nos contamos historias:
“Todavía no estoy listo.”
“Necesito más tiempo.”
“Otra vez no dormí bien, mejor mañana.”
Pero si somos honestos, no es falta de tiempo ni de planeación, que es…
Miedo a equivocarte.
Miedo a lo que pueda pasar si sí funciona.
Miedo a salir de esa zona conocida, donde al menos sabes qué esperar.
Y entonces entras en ese círculo de postergar, analizar, dudar.
Te convences de que es prudencia, pero en realidad es auto-sabotaje con traje elegante.
El sabotaje no es flojera, es protección.
Tu mente busca mantenerte a salvo y para el cerebro, “seguro” no es lo mismo que “feliz”; es “lo conocido”.
Cada vez que algo implica cambio, una nueva conversación, un proyecto, una decisión importante, el cuerpo activa ese escudo protector.
Tu sistema simpático se enciende como si estuvieras frente a un peligro real y claro, lo más fácil es quedarte quieto, en pausa.
Pero aquí viene la paradoja:
La energía, la motivación, el impulso no llegan antes del movimiento, llegan después.
El cuerpo se mueve primero, la mente lo sigue.
No esperes a sentirte listo para actuar, actúa para sentirte listo.
Ese pequeño paso, mandar el mensaje, agendar la cita, decir “sí” lo cambia todo.
Tu energía se acomoda, tu confianza crece, tu mente se alinea, no porque haya desaparecido el miedo, sino porque decidiste avanzar a pesar de él.
Yo también he estado ahí.
He sentido el miedo disfrazado de perfeccionismo, de dudas, de mil excusas “lógicas” y me he dado cuenta de algo:
El miedo no se vence, se atraviesa, se vive, se transforma.
Y cuando lo haces, aunque sea con un poco de temblor en la voz, sientes algo moverse dentro de ti, eso se llama poder personal y no viene de tener todo bajo control, sino de confiar en tu capacidad de moverte con el miedo al lado.
Moverte requiere tres cosas:
Energía: cuidar tu cuerpo y tu descanso, porque sin energía física no hay impulso mental.
Motivación: conectar con tu “para qué”, no con el deber, sino con lo que te enciende.
Decisión: ese microsegundo donde eliges hacer algo diferente, donde te dices: “Hoy sí.”
Y ese “hoy sí” no tiene que ser grande.
A veces es una llamada.
A veces es levantarte cinco minutos antes.
A veces es dejar de justificarte.
Así que pregúntate…
¿De qué lado está tu miedo?
¿Del que te protege o de que te limita?
Y si pudieras moverte un paso, solo uno, aun con miedo…
¿A dónde podrías llegar?
Porque tal vez el punto no sea eliminar el miedo, sino aprender a moverte con él.