En un mundo dónde la comunicación está tan a la mano ¿Por qué nos sentimos tan solos?
Nunca habíamos estado tan conectados con la tecnología, redes sociales, todo el tiempo estamos conectados unos con otros, podemos hablar con alguien al otro lado del mundo en segundos, mandar mensajes todo el día, participar en grupos, reuniones virtuales y videollamadas.
Sin embargo, algo curioso está pasando, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una de cada seis personas experimenta soledad y lo que más me llamó la atención es que algunos de los niveles más altos de soledad se están observando en jóvenes y adultos jóvenes, justamente la generación que nació más conectada digitalmente, parece una contradicción.
Porque durante años pensamos que el problema era la falta de conexión, hoy la conexión sobra, entonces que es lo que falta. Cuando escuchamos la palabra soledad solemos imaginar a alguien aislado, viviendo solo o sin contacto con otras personas, la realidad es mucho más compleja que eso.
He conocido personas que tienen equipos completos a su cargo, familias maravillosas, agendas llenas de reuniones y cientos de contactos en su teléfono que aun así se sienten profundamente solas y también he conocido personas que pasan mucho tiempo solas sin sentirse solitarias.
Vamos a diferenciar el concepto de estar solo y sentirse solo porque no son lo mismo, la soledad no necesariamente tiene que ver con la cantidad de personas que tienes a tu alrededor, tiene más relación con la calidad de las conexiones que construyes, sentirte visto, escuchado, comprendido, tener espacios donde no necesitas demostrar nada y puedes ser tu mismo.
Pienso mucho en esto cuando trabajo con líderes, por fuera suelen verse exitosos, rodeados de gente, tomando decisiones importantes, participando en reuniones constantemente y muchas veces me comparten algo que pocas personas imaginan: sienten que ya no tienen con quién hablar con absoluta honestidad.
Mientras más responsabilidades tienen, más difícil puede volverse encontrar espacios donde bajar la guardia y no es algo exclusivo de los líderes, también lo veo en personas que están atravesando cambios importantes, transiciones profesionales, maternidad, divorcios, pérdidas o simplemente etapas donde ya no se identifican con la vida que construyeron hace algunos años.
Siguen rodeadas de personas pero dejan de sentirse realmente acompañadas, puede ser que parte del problema es que hemos confundido comunicación con conexión, mandamos más mensajes que nunca, reaccionamos a publicaciones, participamos en grupos, contestamos correos, vamos a reuniones pero eso no siempre genera cercanía, la conexión humana necesita algo más difícil de encontrar hoy y se llama “presencia”, tiempo, escucha, vulnerabilidad.
Y tal vez por eso los jóvenes están reportando niveles tan altos de soledad, porque tener acceso a más personas no necesariamente significa sentir una conexión más profunda con ellas, es más, a veces ocurre exactamente lo contrario, mientras más observamos la vida perfecta que los demás publican, más fácil es sentir que somos los únicos que estamos confundidos, cansados o atravesando dificultades.
La comparación crea distancia, la autenticidad crea conexión, por eso creo que la conversación sobre la soledad no debería centrarse únicamente en cuántas personas tenemos alrededor.
La pregunta más importante es otra.
¿Con cuántas personas podemos ser realmente nosotros mismos, ponernos vulnerables, tener una conexión y conversación profunda?
Aquí les dejo el link con los datos: https://www.who.int/es/news/item/30-06-2025-social-connection-linked-to-improved-heath-and-reduced-risk-of-early-death