La mente es muy poderosa

¿Te ha pasado que te obsesionas con algo y parece que no puedes dejar de pensar en eso? Una conversación, una relación, una decisión, una oportunidad perdida, algo que salió mal o simplemente algo que no ocurrió como esperabas.

Lo curioso es que muchas veces seguimos regresando a esos pensamientos aunque ya no nos aporten nada. Les damos vueltas en la regadera, mientras manejamos, antes de dormir, al despertar. Revisamos una y otra vez la misma historia esperando encontrar una respuesta diferente, una explicación nueva o una sensación de paz que nunca termina de llegar.

La mente tiene una fascinación por lo conocido. Prefiere caminar por caminos familiares aunque nos lleven al mismo lugar de siempre. Por eso podemos pasar semanas, meses e incluso años pensando en algo que ya terminó, que ya cambió o que simplemente ya no está en nuestras manos.

Es una especie de enganche mental, no necesariamente porque esos pensamientos sean agradables, muchas veces son agotadores, pero se vuelven familiares y la mente aprende a regresar a ellos de manera automática. Busca evidencias, reconstruye historias, inventa escenarios, revive conversaciones y cada vuelta hace más fácil volver a recorrer el mismo camino.

A veces incluso se parece a una adicción, no a una sustancia, sino a un patrón de pensamiento. La mente encuentra algo que conoce y vuelve ahí una y otra vez, mientras evita mirar aquello que realmente requiere atención, es una manera de distraernos.

Porque muchas veces el tema no es la conversación que tuvimos hace seis meses, la persona que se fue o la oportunidad que no se dio. Muchas veces eso es solo el lugar donde la mente decidió estacionarse.

Lo verdaderamente interesante aparece cuando nos preguntamos qué estamos evitando ver mientras seguimos pensando en eso.

Tal vez una decisión que nos da miedo tomar.

Tal vez una conversación pendiente.

Tal vez aceptar una realidad que no nos gusta.

Tal vez soltar algo que ya cumplió su ciclo.

Por eso intentar dejar de pensar en algo rara vez funciona y todos hemos estado ahí diciéndonos "ya no voy a pensar en esto" para descubrir cinco minutos después que estamos exactamente en el mismo lugar.

La respuesta no está en pelear con la mente ni en intentar controlarla, está en conocerla, en observar con curiosidad hacia dónde corre cuando se siente incómoda, qué historias repite, qué temas recicla y qué partes de nuestra vida está tratando de evitar.

La conciencia no consiste en controlar cada pensamiento que aparece, consiste en entender cómo funcionamos, reconocer nuestros patrones y elegir con más intención dónde queremos poner nuestra atención, nuestra energía, nuestro foco.

Porque nuestra energía es limitada y nuestra atención también.

Y la buena noticia es que tu eliges, una de las habilidades más importantes que tenemos es elegir qué pensamientos merecen quedarse y cuáles ya es momento de dejar ir.

No todo lo que ocupa tu mente merece tu atención.

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El cuerpo grita si no lo escuchas