¿Y si ya está aquí?
Hay una definición de felicidad que llevo varios días pensando:
Felicidad: gozar la posesión del bien.
Y me hizo pensar en cuántas veces ponemos la felicidad un poquito más adelante, no estamos disfrutando el momento presente, sino haciendo las cosas para llegar al final, a la meta. Y entonces nuestra mente empieza a rondar en este tipo de pensamientos:
Cuando termine esto.
Cuando resuelva aquello.
Cuando llegue a donde quiero llegar.
Cuando algo cambie.
Como si siempre faltara una última pieza para poder decir: ahora sí, por fin llegó la felicidad.
Creo que es agotador vivir así, porque siempre habrá algo pendiente, algo que mejorar, algo que no salió como queríamos, una preocupación, una enfermedad, algo que alguien más tiene y nosotros no.
No podemos controlarlo todo y, como ya he dicho varias veces en mis artículos, la única constante en esta vida es el cambio.
Entonces, ¿qué pasaría si empiezo a disfrutar lo que sí está?
Los momentos con las personas que quiero, mi familia, mi cuerpo, mi trabajo, una conversación que me hace reflexionar, algo que estoy construyendo, una comida rica, una mañana tranquila. Incluso la posibilidad de cambiar de opinión, de empezar otra vez de cero o de decidir diferente, darle vuelta a la página y perdonarme.
También dejar de pensar que todo lo que nos pasa tiene que ser bueno o malo porque realmente creo que en la vida tal cosa no existe, la vida simplemente está llena de experiencias y cada una nos deja algo.
No quiero caer en el cliché de tener que encontrar “el aprendizaje” en absolutamente todo lo que vivo, a veces lo que queda es un sentimiento, un llanto, una risa y está bien.
Lo que no quiero es que la vida pase delante de mí y yo ni siquiera me dé cuenta.
Creo que parte de vivir también está ahí: en no salir corriendo de lo que sentimos, en permitirnos atravesarlo sin pensar que por sentir tristeza, miedo, enojo o frustración estamos haciendo algo mal.
Pero una cosa es sentirlo y otra muy distinta es entregarle toda nuestra energía.
Esto también lo he aprendido: la importancia de cuidar nuestra energía y decidir dónde la vamos a poner.
Tal vez por eso hoy me hace tanto sentido trabajar en compararme menos, rumiar menos lo que ya pasó, cuidar mi cuerpo, disfrutar más el presente, agradecer lo que sí está y seguir desarrollando lo que tengo.
No tengo la receta para ser feliz y creo que nadie la tiene pero sí puedo encontrar mi propia manera de estar más presente en mi vida.
Porque podemos estar tan ocupados tratando de cumplir, avanzar, resolver y llegar, que un día nos damos cuenta de algo bastante incómodo:
Por estar tratando de cumplir, nos perdimos y volver a encontrarnos puede ser realmente difícil.
Quizá encontrarnos no requiere cambiar toda nuestra vida y esta es la frase que quiero dejarles hoy:
Sentir lo que toca sentir y recuperar nuestra energía para ponerla, con libertad, donde realmente queremos estar.
Un tip que a mí me ayuda es muy simple: de vez en cuando preguntarme ¿dónde estoy mientras estoy aquí?
Porque es muy fácil estar desayunando mientras contesto WhatsApps, manejar pensando en todo lo que tengo que hacer llegando, estar comiendo con alguien mientras reviso el celular, bañarme y estar resolviendo mentalmente un problema del trabajo, salir a caminar pensando en el correo que no contesté, llegar al viernes esperando el fin de semana y pasar el domingo pensando en el lunes.
Fíjate, cuándo terminas algo que llevabas semanas esperando, en lugar de disfrutarlo, inmediatamente piensas: ¿y ahora qué sigue?
Y así, sin darnos mucha cuenta, podemos pasar gran parte del día físicamente en un lugar y mentalmente en otro.
Y de verdad creo que la felicidad no está un poquito más adelante, ya está aquí y no estamos realmente viviéndola.